viernes, 31 de mayo de 2019

Marcha Terra de Remences

Este pasado domingo 12/05/2019 sonó el despertador bastante temprano y, con algo de pereza, lo reconozco, me vestí tranquilamente y desayuné. Lo bueno de tener la furgoneta y poder dormir en el lugar donde se celebran las pruebas, es que da tiempo de sobras para prepararlo todo e ir con calma.

Con todo a punto, unos 20 minutos antes de la hora prevista, ya me encontraba situado en la salida, relativamente cerca de las primeras plazas y preparado para lo que se avecinaba. Pese a que el día anterior había estado lloviendo bastante, hacía sol y pintaba que la temperatura iba a ser perfecta, como así fue finalmente.


Se dió la salida de la que iba a ser mi tercera participación en la Marcha Cicloturista Terra de Remences y el rápido primer tramo hasta la collada de Capsacosta fue bastante tranquilo y no me costó demasiado mantenerme cerca de las primeras plazas. En el ascenso a este primer puerto me mantuve entre los watios previstos y viendo como se alejaban los más rápidos. Esta marcha tiene la dificultad añadida para mí de que todos los participantes, tanto los de la distancia larga como la corta, tienen el mismo tipo de dorsal, por lo que es relativamente fácil pasarte de vueltas siguiendo una rueda que no toca o llevando un ritmo equivocado. Por eso me concentré en no pasarme para llegar lo más entero posible al tramo final e hidratarme y mantener una carga de CHO’s casi constante.

Coronado el punto más alto, en grupo nos dirigimos hacia Ripoll sin más preocupaciones que rodar lo más rápido posible pero sin malgastar energías.

El puerto de Canes lo encaré de nuevo a un ritmo controlado pensando  en Bracons y Cantonigrós y, finalizado este ascenso, la bajada fue bastante rápida aunque había algunos tramos húmedos por la lluvia del día anterior.

El recorrido por Olot y la Vall d’en Bas también fué en grupo y relativamente tranquilo. En el punto donde nos separamos los del recorrido corto y largo, desaparecieron una gran parte de los integrantes. Comprobé que, más o menos, había tardado lo mismo que el año anterior en el que nos vimos obligados a realizar la distancia corta, por lo que me rondó la duda de si me habría pasado de “vueltas” pese a las buenas sensaciones que aún me acompañaban.

Y empecé el ascenso al Coll de Bracons, sabiendo que todavía quedaba mucho recorrido por delante. Durante este ascenso ya no miré tanto los watios pero intenté ir ascendiendo sin forzar en exceso y superando metros. En esta ocasión y a diferencia de hace 4 años, se me hizo menos duro porqué conocía lo que me estaba encontrando y porqué la transmisión elegida era mucho más llevadera.

Todo lo que sube baja, y un rato después ya me encontraba en el lado contrario en dirección a Manlleu. El descenso es un tramo continuo de curvas donde volví a notar que la rigidez de la Tarmac te lo pone un poco más facil. De nuevo me encontré integrado en un grupo, pero en el avituallamiento de Manlleu tuve que dejar que se alejaran mientras repostaba los bidones.

Así que, después de rodar un rato en solitario, llegué a los pies del puerto de Cantonigrós, donde el esfuerzo y los kilómetros realizados ya empezaban a pasar factura en forma de calambres, aunque bastante menos que en otras ocasiones. No es un puerto exigente en cuanto a pendiente, pero más que largo, se me hace duro por el desgaste acumulado. Y por los comentarios que pude escuchar, no soy el único.

Y por fin la última bajada hasta la Vall d’en Bas, rápida, muy rápida. Curvas relativamente amplias, pocos coches, ganas de acabar y la sensación de que la llegada por fin está cerca. Último “arreón” hasta la meta 5 horitas y 38 minutos más tarde de haber empezado.


Buenas sensaciones, creo que buen rendimiento final y otra prueba superada. ¡A por la siguiente!

lunes, 6 de mayo de 2019

Marxa Rutes del Montseny

Este pasado domingo 07 de abril participé en la primera prueba prevista para esta temporada 2018-2019. Como viene siendo habitual por esta época del año, la escogida fué una marcha cicloturista, en este caso la Rutes del Montseny, cuya salida y llegada se realiza en Granollers. Hasta hace poco no la conocía demasiado, pero el calendario de futbol de Aleix me obliga a elegir aquellas que se celebran los días en que no tiene partido y, en este caso, me alegro de haber podido asistir. 

Llegamos el día anterior, sábado, algo más tarde de lo previsto y, una vez instalados, tuvimos el tiempo justo para hacer algo de “turismo” por el centro, cenar y acostarnos sabiendo que el día siguiente iba a ser intenso.

Sonó el despertador bastante pronto, a  las 05:45 horas y, pese a que la previsión del tiempo anunciaba nublado, cuando se hizo de día salió el sol aunque con bastante frío. Desayuné y me fui caminando a formalizar la inscripción y recoger el dorsal mientras la ciudad se iba poniendo en marcha lentamente. Camino de nuevo a la habitación, tuve tiempo para tomar un café con cierta tranquilidad y acabar de repasar mentalmente la estrategia prevista. Esta cierta calma se alteró momentáneamente cuando me di cuenta de que me había dejado el chip en casa, pero pude solucionarlo facilmente con la organización alquilando uno para la prueba.

A las 08:00 horas más o menos, y después de habernos avisado de que en algunos puntos del recorrido haría bastante frío, se dió la salida. Unos 190 ciclistas enfilamos por Granollers en dirección al que iba a ser el primer puerto (3a categoría) de los 3 de los que consta la ruta. Excepto algun arreón importante, casi sin darme cuenta, conseguí mantenerme entre los 25 primeros y, en ese grupo, llegué a los piés del que iba a ser el segundo puerto del día (Sant Marçal de 1a categoría).

Desde el inicio los “escaladores” fueron desapareciendo y quedé en un grupo de unos 5 ciclistas con los que recorrí uns 10 km pero más forzado de lo que quería. Consciente de que este no es mi terreno y que ese esfuerzo me pasaría factura para lo mucho que todavía quedaba, decidí levantar el pié del gas y realizar los últimos 10 km de ascenso algo más “controlado”.


Por fin llegué a la cumbre de este interminable puerto e inicié un rápido descenso. La Tarmac es mucho más rígida que mi anterior Cube y es más fácil trazar las curvas, por lo que a misma o más velocidad, voy algo más relajado que antes y me crea menos tensión y fatiga.

Recuperé alguna posición y poco después inicié el ascenso del que iba a ser el último puerto del día (Collformic de 1a categoría). Aquí ya notaba las piernas algo “cargadas”, pero me centré en mantener el ritmo más alto posible, pero que me permitiera llegar a la cumbre relativamente entero.

Poco menos de 10 km después me encontraba iniciando el descenso y encarando la que iba a ser la última parte del circuito tirando a llano y con repechos cortos, claramente más favorable a mis características. Al volver a dar pedales, los calambres aparecieron y, como sé que es algo temporal, me hidraté bien y esperé a que todo se volviera a poner en su sitio. Aproveché para echar un vistazo al GPS y en los aproximadamente 100 km que llevaba recorridos, ya había acumulado algo más de 2300 metros de desnivel.

Y así, casi sin darme cuenta, empecé a incrementar el ritmo y no tardé en ir dando alcance a otros ciclistas. Pese a que intenté formar grupo con algunos para relevarnos, pronto me encontraba de nuevo pedaleando en solitario hasta dar alcance a otros participantes.

Saltando de grupo en grupo, me fui acercando a Granollers. En los últimos kilómetros, sobretodo en algun cruce y rotonda, eché de menos alguna indicación y, por momentos, tuve la sensación de que me había perdido. Pero finalmente y sin más problemas, llegue a la zona de meta pasando por debajo del arco de llegada y finalizando mi participación en esta prueba en 4 horas 45 minutos, posición 27 de la General y 6º de mi categoría.


Una prueba muy recomendable, con solera, no masificada, con un recorrido espectacular por el Parc Natural del Montseny y con una organización totalmente volcada en el corredor. Lo tengo claro, ¡volveré!

viernes, 15 de marzo de 2019

Temporada 2018-2019

Como viene siendo habitual por estas fechas, hace ya unos meses que di por iniciada la temporada 2018-2019 con la intención de contar con los servicios de un entrenador. Prácticamente siempre me he autoentrenado y este año quería cambiar la metodología y contar con una perspectiva externa para intentar conseguir el máximo rendimiento posible.

Por eso en octubre del 2018 llegué a un acuerdo con un entrenador que tenía las condiciones que buscaba. Control de los entrenamientos con Training Peaks o Golden Cheetah, sesiones de bici por potencia y control con WKO+, cierta experiencia y licenciatura. Pero cuando ya llevaba unas cuantas semanas con él, me di cuenta que mis obligaciones familiares, laborales y demás, no casaban demasiado con su metodología y, sobre todo, con su comunicación.

Por lo que, después de finalizar con él de forma totalmente amistosa, me encontré de nuevo buscando entrenador, del cual ya dispongo desde hace cerca de un mes.

Todo va sobre lo previsto y, tal como necesito, adapta las sesiones de entrenamiento a mis horarios, por lo que en este sentido, no debo preocuparme de mucho más que de entrenar, llegar a los objetivos de cada sesión y recuperarme.

Este cambio que preveía que iba a ser el único y más importante de la temporada, se fastidió hacer un par de semanas con la rotura de nuevo del cuadro de mi bici de ruta CUBE. El mismo sitio que en el anterior, en una de las vainas traseras, pero esta vez ya se había acabado la garantía, por lo que tocaba rascarse el bolsillo antes y más de lo previsto.

Y la elegida ha sido una preciosa Tarmac que, después de unos cuantos kilómetros, noto mucho más rígida y reactiva que la Cube y que se adapta mucho mejor a mis características. Así que, aún y el contratiempo, cada vez estoy más contento con el cambio.

En cuanto a los objetivos de este año, pues la primera parte de la temporada no difiere mucho de las anteriores en que comenzaré compitiendo en pruebas relacionadas con la bici. Eso sí, las sesiones son mucho más exigentes que las de años anteriores, por lo que mi estado de forma es mejor. Además, una vez superado algun que otro problema habitual con mis gemelos, no he dejado de tocar la carrera a pié así como la natación cada semana con la mirada puesta en los triatlones de la segunda parte del ciclo.

Lo único que me preocupa ahora es si estas cargas de trabajo las podré aguantarlas todo el año, más a nivel mental que físico. Pero ya se sabe, el que algo quiere, algo le cuesta. 

jueves, 8 de noviembre de 2018

Triatló Sprint Vilanova i la Geltrú

Como el tiempo últimamente había estado siendo algo movido por mi zona, esperé hasta última hora para decidir si me inscribía en el Triatló Sprint de Vilanova i la Geltrú que se tenía que celebrar el domingo 21 de octubre. Y como a mediados de semana las previsiones eran más que buenas, el miércoles anterior formalicé la inscripción, buscamos un hotelito por la zona para dormir la noche anterior y allí nos desplazamos con la familia el sábado.

Desde el triatlón de Empuriabrava del pasado mes de setiembre, tenía éste en el punto de mira por dos razones principales. La primera porqué fue el segundo triatlón con el que me inicié en este mundillo en el 2009 y tengo muy buen recuerdo. Y segundo, porqué al celebrarse en la provincia de Barcelona, se supone que el nivel es alto, por lo que era una buena oportunidad de valorar y comparar mi rendimiento.

Estas últimas semanas, las sesiones de entrenamientos no habían sido todo lo específicas que deberían para preparar en las mejores condiciones una prueba de este tipo, pero el global sí lo había realizado teniendo en mente las capacidades necesarias para este tipo de distancias y ritmos. Desde hace unos cuantos meses ya, han estado cayendo semanalmente  3 sesiones de natación, 3 de carrera, 3 de ciclismo y 2 de fuerza, algunas de ellas combinadas.
 
El domingo, que amaneció radiante, me levanté temprano, desayuné y fui a boxes a recoger dorsales y dejar la bici. Volví al apartamento tranquilamente para acabar de vestirme, recoger las cosas y regresé a boxes para dejar todo el material preparado. Estuve dudando hasta el último momento sobre correr con o sin calcetines y, finalmente, me decidí por esta última opción para ganar algo de tiempo en la transición. Neopreno colocado y paseo hasta la playa.

La salida de mi grupo (hubo tres, primera federados, la mía segunda dos minutos más tarde no federados y tercera dos minutos más tarde tri-womans) se dio con un cierto retraso de unos 15’. Contrariamente a lo habitual en mí, esos momentos y los previos me encontraba bastante tranquilo y confiado.


Señal de salida, carrerita hasta el agua y nado hasta la primera boya con bastantes golpes pero a un ritmo extrañamente cómodo, pero con sensación de ir rápido. El mar estaba perfectamente en calma y me sorprendió el hecho de que avancé más nadadores de lo habitual. Casi sin darme tiempo, dejé la última boya a mi izquierda y empecé a encarar la arena de nuevo, aprovechando el poco oleaje para dejarme llevar un poco.


Menos de 10’ más tarde de la salida estaba en la arena corriendo hacia la zona de boxes con la sensación de que este tramo de natación se me había hecho muy corto. Pensé que los 750 metros previstos debían haber sido bastantes menos, pero horas más tarde el Garmin me confirmó que no.

Primera parte de la transición relativamente rápida hasta que, a pocos metros de la línea de montaje me di cuenta de que el cinturón con el dorsal seguía en el manillar donde lo había dejado preparado. Parada obligada para colocármelo, con la pérdida de segundos que puede suponer. Novatada pagada...

El tramo de bici consta de un circuito a dos vueltas en el que al principio y al final de este se callejea por el municipio hasta una carretera recta pero con continuos repechos. Diría que es el mismo que recorrimos en el 2009. Como siempre estos dos últimos años, no tardé en empezar a adelantar y a saltar de grupo en grupo. Paso por boxes, ánimos de mi familia e inicio de la segunda vuelta. Hacia la mitad, me encontré integrado en un grupo en el que pude aprovechar algún relevo para recuperarme un poco, pero en la última parte decidí apretar un poco más el ritmo llegando casi en solitario.


Entrada en boxes para dejar la bicicleta y, después de algún pequeño problema con el cierre magnético del casco en forma de segundos perdidos, empecé la carrera a pié algo más de 41 minutos más tarde de la salida, no sin antes escuchar a Marta que las cosas iban bastante bien.

La idea era mantener el ritmo más alto posible pero pensando en ser algo conservador y manteniendo una frecuencia de pasos alta y cortos. Mirando de reojo el reloj, vi un ritmo agónico para mí de 4:00 min/km que pensé que no podría mantenerlo demasiado tiempo. Pero si había ido a competir, había que sufrir y en eso me concentré. 

El circuito de carrera también consta de dos vueltas en un recorrido agradable a la vista y prácticamente llano en el paseo marítimo con algún tramo de tierra y barro de la lluvia caída estos últimos días. Me vi avanzado por algún corredor, pero yo también avancé unos cuantos. El avituallamiento de agua estaba situado alrededor del kilómetro 4 y en la primera vuelta decidí no tomar nada para no romper el ritmo. Poco después de iniciar la segunda vuelta, tomé un gel pero, aún y así, noté como la fatiga empezaba a hacer acto de presencia. El ritmo había decaído un poco, y alargaba algo más de deseable la zancada. Igualmente, mi sensación de esfuerzo era agónica y en el reloj continuaba viendo de reojo el ritmo cercano a 4:15 min/km. Paso de nuevo por el avituallamiento y esta vez sí cogí un poco de agua para refrescarme la cabeza y tomar un poco para acabar de digerir el gel. Últimos metros enfilando la recta de llegada y paso por meta en unos increíbles pocos segundos más de 1 hora y 1 minuto, para conseguir medalla de chocolate, 4a plaza, de mi Grupo de Edad.

 
Contento no, lo siguiente en una prueba que, de haber salido en el grupo de los federados, quien sabe si hubiera tenido opciones reales de podio en mi Grupo de Edad. Este resultado y rendimiento me ha hecho plantear algunas cosas de caras la temporada siguiente en la que, casi con toda certeza, basaré mi preparación y competiciones en la corta distancia mientras la rodilla me lo permita...

viernes, 19 de octubre de 2018

Triatló Sprint Empuriabrava

Hasta el día antes de la celebración del Triatló Sprint Empuriabrava, mi motivación y determinación para dar el máximo e intentar revalidar la tercera plaza de mi Grupo de Edad del año anterior eran muy elevadas. Estaba confiado en haber realizado una buena preparación  los últimos meses, prácticamente exclusiva para esta prueba, y estaba mentalizado para sufrir desde principio a final.

Pero el sábado tuve un problema personal de los graves que me dejó muy tocado anímicamente, hasta el punto de poner muy en duda mi participación. Pero finalmente, recogí los dorsales, preparé las cosas e intenté dormir lo máximo que pude.

El domingo amaneció con un tiempo perfecto y con la família nos dirigimos hacia el lugar de celebración de la prueba. Pese a que los problemas del día anterior que no dejaban de rondarme por la cabeza, intenté centrarme y disfrutar en lo posible del momento más inmediato.

La preparación del material fué sin sobresaltos y poco antes de la hora prevista ya me encontraba en la salida a punto para nadar.

Sonó la señal y empezó el tramo de natación con, sorprendentemente, buenas sensaciones. El uso del neopreno y el hecho de nadar en el mar me favorecen y supongo que lo noté desde el principio. El tramo se desarrolló sin demasiados contratiempos, excepto por la presencia de medusas, de lo que ya estábamos avisados. Tener que estar atento me ayudó a que el tiempo pasara más rápido y menos pendiente de la fatiga, junto con el aumento de 2 a 3 sesiones semanales en la piscina. Unos 14’ después salía del agua, casi 2 minutos menos que el año anterior, y empezaba a encarar la zona de boxes.

  
Todo parecía ir sobre lo previsto, las sensaciones eran buenas y subido en la bici empezaba mi mejor segmento, el de ciclismo. Pero en una de las rotondas del inicio, aunque vi que el suelo estaba húmedo, decidí arriesgar un poco para no perder demasiada velocidad. Mala decisión, la rueda trasera donde llevo una cubierta sin dibujo que ya me ha dado más de un susto, deslizó un poco, lo justo para obligarme a enderezar la bici y tocar frenos. Mi trayectoria me dirigía directo hacia el bordillo de la rotonda pero, por suerte, justo en el momento del impacto, conseguí hacer saltar un poco con la bici, lo que  no impidió que acabara en el suelo. No me hice nada, pero calculo que perdí algo más de un minuto en volver a poner la cadena que había saltado y recentrar la rueda trasera que se había desplazado y quedaba algo frenada.


 De nuevo me encontraba pedaleando y, una vez comprobado que todo parecía estar en su sitio y que no debía lamentar nada más que el tiempo perdido, me centré en mantener la máxima velocidad posible para atrapar y adelantar triatletas. El circuito a una vuelta es llano y se desarrolla en la zona donde vivo, lo cual es simplemente perfecto para mí. Pronto me encontré tirando de un grupo de unos tres o cuatro participantes al que se sumaron algunos más a medida que íbamos atrapándolos y del que tiré la mayor parte del tiempo para intentar mantener la velocidad.

Unos 33 minutos más tarde, cerca de medio minuto más que en el 2017, me encontraba de nuevo en zona de boxes e inicié la carrera a pié. Pese a que intenté no salir demasiado fuerte, la presencia de la família, amigos y gente conocida provocó que pronto estuviera corriendo a mi límite, muy a mi límite. Sabía que mi rendimiento estaba siendo muy bueno, pero a medida que empecé a cruzarme con los participantes que tenía delante, no tardé demasiado en comprobar que este año no iba a poder volver a subir al podio.


Poco más de 21 minutos más tarde de haber empezado a correr, algo más de un minuto mejor que la edición anterior, crucé la línea de meta en 27ª posición general y 6º de mi Grupo de Edad. ¿Mejor tiempo que el año anterior? Sí, incluyendo la caída en bici .Pero como comentamos con algunos miembros del club que también estuvieron en la edición anterior, el nivel ha aumentado y las primeras plazas cada vez son más “caras”.

¿Y punto final a esta temporada? Pués todavía no lo sé, pero si el tiempo acompaña, a lo mejor el día 21 de octubre tendré material para otra historia.

martes, 9 de octubre de 2018

Triatló Olímpic de Catalunya - Banyoles

Después de Andorra parecía que iba a tenr un verano relativamente tranquilo en cuanto a competiciones, pero se ha animado y a fecha de hoy 5 de octubre he podido competir en 3 pruebas más.

La primera fue el 15 de agosto y consistió en la habitual ya Travesia de Natación de Roses. No tiene demasiada historia. Un tramo en el mar que, según la organización, debería consistir en unos 1500 metros que, finalmente, acaban siendo unos cuantos cientos más.

No tengo mucho más que explicar excepto que el nivel es muy alto, y en esta ocasión me lo tomé como una prueba de contacto con dicha distancia e intentando anticipar las sensaciones con las que me iba a encontrar pocas semanas después en el Triatló Olímpic de Catalunya que se iba a celebrar en Banyoles. Sensación de nado lento y ahogado casi desde el inicio pese a intentar mantener mi poco nivel de técnica, con un tiempo y posición final discreto, por la mitad de mi Grupo de Edad.

Pero un par de semanas después, el 1 de septiembre, ya me encontraba en la salida del Triatló que da título a esta entrada. A la habitual desgana, nervios y pensamientos negativos con los que convivo en los momentos previos al inicio de este tipo de pruebas, en esta ocasión (y supongo que en las futuras que pueda haber...) se añadía el temor sobre si la rodilla me aguantaría la distancia de la carrera. Solo una semana antes había corrido esta distancia en modo de prueba, aunque las sensaciones habían sido bastante buenas.

Dos minutos más tarde que los federados,empezamos la prueba de natación desde el agua en el lago de Banyoles y las sensaciones iniciales no fueron buenas. Supongo que entre mi bajo nivel de nado, el no llevar neopreno y que es agua dulce donde la flotabilidad es poca, me costó encontrar mi ritmo y en un par de ocasiones estuve tentado muy seriamente de abandonar. Pero poco a poco fuí desechando esta idea de mi cabeza y me centré en ir superando boyas al ritmo más alto posible pero soportable. El tramo final se me hizo algo complicado porqué un participante decidió mantenerse a mi estela y continuamente me tocaba los piés, lo que además de incomodidad, provocaba que se me hundieran. Pero pude solucionarlo desviando algo mi trayectoria.

Transición a la bici relativamente rápida y sin sorpresas, y desde el primer kilómetro me autoimpuse un ritmo altísimo, y se nota que es donde rindo mejor. Este segmento consta de dos vueltas a un circuito bastante variado con tramos llanos, subidas y bajadas en una zona donde habitualmente voy a entrenar unas cuantas veces al año y que conozco bastante. Desde el inicio no paré de adelantar triatletas y estuve continuamente saltando en solitario de grupo en grupo sin que nadie pudiera aguantarme la rueda. Muy motivado empecé la segunda vuelta algo más conservador y buscando ruedas para recuperar fuerzas y guardar energías para el tramo de carrera. Pero, aún y así, igualmente continuaba superando rivales hasta el tramo final en que pasé a formar parte de un grupo donde aproveché para tomarme cierto respiro y recuperación.

  
Segunda transición algo más lenta de lo esperado por algun problema con los calcetines y ya me encuentro iniciando la carrera a pié al límite desde el inicio y regulando en lo posible para, sinceramente, no reventar. Acabo la primera de las dos vueltas que se realizan en el tramo de carrera prácticamente llano y viendo de reojo ritmos en mi reloj por debajo de los 4:40 min/km. La segunda vuelta, intenté mantener el mismo ritmo pero la fatiga muscular empezó a hacer acto de presencia notando como la frecuencia de pasos disminuía y tendía a aumentar la longitud de la zancada. Consciente de esto e intentando ponerle remedio, llegué a la zona de boxes donde se encontraba la ansiada meta que traspasé y conseguí completar mi primer triatlón olímpico después de 5 años del último en unas fantásticas 2 horas y algo más de 21 minutos. Sencillamente, muy feliz.


miércoles, 5 de septiembre de 2018

Gran Fons Andorra MTB '18

Como ya comenté en un anterior post, este domingo 22 de julio participé en una de las competiciones que tenía marcada en negrita para esta temporada y es la Gran Fondo Andorra MTB. Una prueba con dos recorridos, uno largo de unos 90 km y otro más corto de unos 50 km, que fue el que realicé.

La prueba cambió de organizador este año pero el recorrido acabó siendo exactamente el mismo que el del año anterior, por lo que se me presentaba una excelente oportunidad de poder comparar datos, y algunos han sido muy interesantes.

La salida de la distancia corta se realizó en 2 tandas, con 15’ de diferencia y yo salí en la segunda. Sinceramente, vista la experiencia, creo que es mejor salir en la primera para tener mejores referencias y evitar corredores con ritmo más lento, como sucedió.

Pese a la lluvia caída los días anteriores, el terreno estaba bastante seco y pedregoso. Se trata de un circuito sin demasiadas complicaciones técnicas que transcurre en su mayor parte por pistas y caminos relativamente anchos y con largas subidas y bajadas.

La primera parte empieza con una subida sostenida relativamente corta en la que me situé en las primeras plazas que ya no abandoné. Inmediatamente se empieza a descender por una pista que combina camino algo estrecho y técnico con tramos rápidos y más fáciles e, incluso, algo de asfalto. Llegados a este punto, una de las complicaciones, como ya he comentado antes, consiste en encontrar el espacio correcto para poder ir superando a algunos ciclistas rezagados de la primera salida sin perder ritmo ni velocidad.


Finalizada esta bajada, empieza la primera subida larga y exigente por una pista sin muchos más problemas que la pendiente y la longitud. Me noté con un buen ritmo y sensaciones, y decidí no forzar demasiado para poder encarar con garantías el último tramo.

Un nuevo descenso en gran parte esta vez por un camino más estrecho, técnico y complicado sobre todo por el tipo de terreno rocoso. El cansancio empieza a hacer acto de presencia pero el agarre de la bicicleta es bueno y me noto muy seguro en las trazadas. Es un hecho que haber cambiado las cubiertas hace muy poco favorece esta sensación. Tengo demasiada tendencia a agotar material... Además, no cuesta demasiado encontrar una buena rueda de referencia que me permite ganar algo de velocidad.

Y casi sin darme cuenta, me encuentro iniciando el último tramo que empieza con la subida más larga y dura del circuito. Aquí decido dar todo lo que me pueda quedar y me impongo un exigente ritmo que me permite llegar a la ansiada meta en la 19ª posición absoluta con un tiempo de 2h27’56” segundos. 


Se da la circunstancia de que en el 2017 tardé 2h37’28” y la posición fue exactamente la misma, el 19º. Pero el número de participantes eran menos de la mitad de esta edición del 2018 lo cual, a mi entender, indica que el deporte popular todavía no ha parado de crecer y que su nivel tampoco. ¿Nos veremos el año que viene? Aún es pronto para decidirlo.